Los caracteres no tenían sentido inmediato, pero la sensación de estar siguiendo un guion escrito por la ciudad se intensificó. En la plaza central, una escultura metálica proyectaba sombras que, a mediodía, se alineaban formando la letra C. A las 15:12, el reloj de la estación marcó exactamente 15:12 —las cifras se reflejaban, como si confirmaran que Ana iba por buen camino. Sabía que alguien jugaba con ella, o quizá alguien la esperaba.
—¿Quién organiza esto? —preguntó Ana.
In a world where we often feel disconnected, Laura Lynne Jackson’s " Señales: El lenguaje secreto del universo